Pasadas las diez de la noche del ano 2007, al terminar mi presentacion de cuentos en la Colina de San Antonio, descubri que habian robado mi maleta. La habia dejado junto a otras cosas en la parte de atras del escenario, a la mano de cualquiera, y los ladrones se la llevaron. Me angustie bastante. Busque por todos lados algun milagroso indicio y pude dar, en la via que baja a la Calle Quinta, con algunas hojas sueltas que guardaba en uno de los bolsillos. El inventario de lo robado se resumia a dos cuadernos, uno con estudios sobre teologia cristiana y el otro con borradores de cuentos; una grabadora en Mp3, mi billetera con documentos, la maleta y un libro, uno de los primeros que lei. Recuerdo que trate de seguir el rastro dejado, como en el cuento Hansel y Gretel, pero las hojas eran pocas y al cabo de dos cuadras desaparecio toda senal y perdi la esperanza de recuperar mis cosas.
Evaluando la situacion conclui que no existia ninguna posibilidad de recuperar las anotaciones en los cuadernos, ni las grabaciones de audio, pero el resto podia ser remplazado. Al cabo de dos meses ya contaba con una mejor grabadora, una mochila nueva, una libreta de notas y una billetera con documentos nuevos. El libro robado, en cambio, resulto ser lo mas dificil de conseguir.
Despues del descubrimiento surgieron los dias en que me lamentaba por mi mala suerte. El libro robado habia estado varios anos sin ser leido, paseando por mi biblioteca entre otros tantos ejemplares y justo ese dia lo vi y lo meti en la mochila para que otro lo robara en la noche. El dolor de la perdida radicaba en lo siguiente: a los ocho anos me lo habia regalado una profesora de literatura, no una que me hubiese dado clases, sino una amiga de la familia. Y me sentia molesto, porque el robo eliminaba el objeto que se anudaba al recuerdo.
El asunto del libro genero una busqueda intensa. De tanto preguntar en las librerias del centro de la ciudad termine haciendo amistad con un librero que cazaba textos ya leidos, sin cobrar nada, solo por el placer de garantizar lecturas ajenas. Fernando: un hombre alto, siempre sonriente, de acento caleno bien marcado.
-- Fernando, ya sabes algo del Viaje dentro del ovni 54,40?
-- Nada, pero estoy a esto --y senalaba la puntica de su indice.
La dificultad consistia en que la Editorial Atlantida de Buenos Aires dejo de imprimir ese tipo de textos, que fueron un exito en la decada de los 80's, pero que ya no les representaba mucho. El mio hacia parte de una coleccion de libros "elige tu propia aventura", libros juego en donde el lector puede escoger el destino de su protagonista porque, a la larga, el protagonista es el mismo.
Les conte que a los ocho anos recibi el libro de regalo, pero valorar su importancia implica considerar algunos momentos previos. Siendo mas nino resultaba una piquia en la entrepierna en plena ceremonia de gala y hacia danos a toda hora: una creatura insoportable. Mi madre, para leer tranquila, me metia en su regazo e interponia los libros de su predileccion para impedirme cualquier fuga. Junto a ella termine leyendo libros de superacion personal, algunos que todavia conservo en la memoria. Aun recuerdo el magico biplano del libro Ilusiones de Richard Bach y al misterioso anciano del Milagro mas grande del mundo de Og Mandino.
Por fortuna, la estrategia del "encarcelamiento lector" cambio y mi madre jugo a algo diferente. Cuando noto que me gustaba leer, solicito consejo a su amiga profesora y fue asi que recibi como regalo el libro robado. Si, tambien recuerdo que lo abandone despues de recorrer todas sus paginas y salte a otros libros. Un tiempo despues se genero un intercambio de lecturas al interior de mi casa, mi madre leyendo sus libros y yo los mios, luego compartiamos los avances de cada uno. Prosegui con Julio Verne, con su Isla misteriosa y de alli pase a los cuentos de Ciencia ficcion de Asimov, todo sin salir de casa. La verdad es que podria haber sido el colegio el mejor escenario para engrandecer mi conocimiento literario, pero jamas me enganche alli. Las lecturas sugeridas por los docentes de literatura fueron terribles, solo me gusto El principito y contare como tortura, para dejar mi voz de protesta, el inaccesible Cantar del mio Cid.
-- Fernando, Sabes algo del libro? -- le dije por telefono.
-- Si, venite pa' aca y traete veinte mil pesos.
-- Veinte mil?
-- Si, veinte.
Otra historia fue mi relacion inicial con la escritura. Como estudiante hacia y escribia lo que me pedian y no existia una cita libre con la letra. Tampoco recuerdo en que momento empece a reconocer el codigo para formular mis propias frases. La escritura por decision propia, la escritura libre, se la debo a las novias de la adolescencia. Ellas abrieron mis primeros textos en los cuales intentaba ordenar palabras buscando algo de belleza. Solo fue hasta los veinte anos que desperto una preocupacion real por la escritura de ficciones, especificamente de cuentos.
Al comienzo fue muy dificil eso de escribir, yo era lento para entender, o por lo menos mas que ahora. Todo sin tildes, no sabia de tiempos, de cesiones de voz, escribia chorreras de palabras desorganizadas, un caos. La barrera mas grande a superar estaba en la educacion basica que habia recibido. Estudie en un colegio tecnico industrial y sabia mas de herramientas que de gramatica. Una atarraja, un machuelo, un martillo, un calibrador, una cizalla, un torno... Pase por mil talleres, pero ninguno de escritura. Y tuve que avanzar solo en eso de fabricar ficciones y descubrir que requeria una planeacion de los relatos mas juiciosa. Entonces comence a escribir, a organizar y a preguntarme como funcionaban algunos textos. Despues fue que entre a estudiar Licenciatura en Literatura y me volvi profesor.
-- Fernando? Ve, es que me queda dificil ir hoy, pero guardame el libro hasta el lunes que este fin de semana recojo la plata.
-- Listo, aca te guardo el libro. Si queres, me decis y te lo llevo a la Colina.
-- No, yo voy a la libreria, para que vayamos a la fija.
A Fernando le habia contado la historia que envolvia mi busqueda y el se habia unido muy especialmente a la causa. Por eso tambien respondio emocionado y cuando le conte que pensaba escribir un libro de multiples finales para adultos me comprometio con eso de darle una copia autografiada. Es que asi pasa con los buenos libros. En mi caso, cuando encuentro un libro que me gusta surge el impulso inevitable de ponerme a escribir, es como un reflejo.
-- Fernando! Ve, ya voy por el Ovni 54, 40.
-- Listo, aca te espero. Hacele pues, que ya estoy que vendo ese libro. Vos ya llevas un mes y no venis y esta que se lo come la polilla.
-- Nada, sacudilo pa' que la polilla aguante hambre.
Apenas entre a la libreria saco seis libros y los puso en el mostrador; encima de todos estaba el de mis recuerdos. Que emocionante saber que la mision se completa!
-- Mira lo que hizo la polilla, los multiplico!
-- Fercho, yo no tengo ahora ciento veinte mil pesos!
-- No, hombre, te los dejo todos en veinte, que a la final yo no tengo nada que ver con lo que hizo la polilla. Me traes el tuyo cuando lo termines -- me dijo sonriendo.
La lectura y la escritura se anudan diariamente en mi por el placer que me provocan. Sobre la escritura debo decir que tambien representa una importancia profesional. El texto escrito sirve para proteger tu trabajo de los que quieren hacerle culto a la pereza y ganar dinero con el esfuerzo creativo de otros. Aprendi a proteger mi voz con la letra, apoyado en las virtudes de la computadora y los peligros de la misma a la hora de escribir.
Me hice fanatico de los libros juego. La estrategia de leer jugando me habia parecido excelente desde el comienzo y de nino me habia servido para incrementar el ritmo de lectura. Ahora de adulto pienso en la importancia de compartir libros con los ninos de forma divertida, reflexiono sobre lo relevante que resulta ensenar que se puede leer y jugar al mismo tiempo.
Hoy tengo en mis manos cinco libros de multiples finales, pero no el mencionado en esta historia. Hace un tiempo encontre a un nino de once anos y le entregue mi Viaje dentro del Ovni 54, 40, pensando en ofrecerle lo que hace tantos anos supo darme aquella profesora: el placer de leer jugando.