El detonante del relato
"Todos los ninos hablan a sus juguetes;
sus juguetes se convierten en
actores del gran drama
de la vida..."
Charles Baudelaire
Estaba pensando en el porque de mi incursion en el oficio milenario de contar historias cuando se acerco mi madre por la espalda con un regalo: un carro de juguete, una Ford del 56. La sorpresa me emociono bastante y las aguas de mis ojos se disolvieron en las mejillas, lentas y sin escandalo; asi es la forma de llorar de los adultos cuando el sentimiento te agarra de sorpresa. Luego de intercambiar con ella algunas frases llenas de alegria y nostalgia, me quede nuevamente solo frente a mi computadora y divague un rato mas sobre las consecuencias de aquellos juegos y mi aficion por las historias.
Tengo veintisiete anos y aquel regalo me llevo a recordar la relacion que tuve con mis carritos en la infancia y la forma en que mi madre preparo el escenario para que yo hiciera de mi coleccion de vehiculos un universo de relatos. Algunas lecturas recientes fueron arrojando preguntas: mis carritos de juguete dieron origen a mis primeras ficciones o cualquier objeto sirve para detonar el discurso creativo en un nino? Estas historias que creamos siendo ninos, obedecen a raices distintas, desconocidas, divinas, sociales o heredadas geneticamente?
Con estos cuestionamientos termine conjugando algunos nombres famosos para generar esta ligera disertacion. Roland Barthes, en su ensayo Juguetes, nos dice: "El juguete entrega el catalogo de todo aquello que no asombra al adulto", para decir mas adelante, al desarrollar esta idea, que los juguetes "condicionan" nuestra labor futura en el mundo. Algo asi como decir que al nino que le regalan palas lo haran sepulturero y que es sepulturero porque carece de miedo a serlo. Siguiendo el mismo orden, resultaria logico decir que el juguete condiciona la produccion de discurso en el infante y que tal discurso es el ejemplo anticipado de lo que sera de adulto. Ahora bien, no pude evitar el viaje interno hacia mi infancia y descubro alli otros origenes, otra relacion con el juguete-objeto y que agrega algo mas a mi comprension superficial de lo dicho por Barthes.
Vivi una infancia sin lujos pero tampoco fue una infancia pobre, quiza porque me transmitieron que la pobreza es mas bien un estado mental y es independiente de la cantidad acumulada de objetos costosos. Mi madre esperaba hasta fin de mes y hacia rendir su salario con el fin de llevarme al supermercado, a la seccion de juguetes, y verme escoger un carrito entre tantos que deseaba. Mi seleccion no obedecia a las marcas y recuerdo que me aferraba a cualquier auto, en una especie de conexion que aun no logro recordar. Asocio libremente el fragmento de Hernando Tellez, en el que dice como el nino "afirma de la misma manera su prodigiosa ternura por una persona o juguete, por un desaprovechado trozo de madera, por un inservible artefacto". Y si, tal vez la cualidad del objeto es lo de menos, pero...
Luego llegaba a mi cuarto corriendo para treparme descalzo en el primer piso de mi camarote y desde alli elevarme entre una abertura de tablas de un segundo piso sin colchon. Mi cuerpo salia en medio de las dos agrupaciones de madera conectadas por reglas de metal, puentes colgantes que permitian el paso de un lado a otro a los personajes y yo, como un "todopoderoso" sobre la magnifica polis, daba inicio a la escena y ponia a rodar a los actores entre edificios hechos con cajitas de ajedrez, borradores, cintas, recipientes. Entonces, el nuevo vehiculo entraba en la situacion y un nuevo personaje aparecia. Asi, con mi narrador omnipresente transcurrian los relatos policiacos, una lucha entre buenos y malos, una pelea entre carros bonitos y feos.
Yo revivia la lucha entre el bien y el mal y mezclaba todo con la pirotecnia propia de las peliculas y series de accion que veian mis hermanos mayores por la television. El argumento casi siempre igual: problema, intriga, descubrimiento, accion, todo esta perdido, milagro, desenlace feliz.
El ejemplo: algo malo pasa. La investigacion lleva a los buenos a la guarida de los malos. Una gran persecucion se desata. Los buenos a punto de ser vencidos, no puede ser!... Giros de vehiculos en el aire al brincar una rampa. Tiroteos mas terribles que veinte versiones de Rapido y Furioso. Algo inesperado. Los malos en un camion de gaseosa, de esos que ganabamos por llevar tapitas al camion de verdad. Los villanos camuflan en el interior del vehiculo la maldad del mundo. Una version de El Padrino riega en las vias de madera aguas negras del imperio Yankee y lanza un misil de muerte y todo parece perdido, pero... El nuevo carro aparece, tal vez un Majorette, un Hot Weels o algun otro que rueda sin padre, sin genero, sin herencia o inspiracion clara, tal vez fabricado en china, y ese don nadie aparece para salvar a todos y tejer con los buenos una amistad infinita. Los buenos al final siempre ganan: Bettelheim, te voy dando la razon!
Si, Bruno Bettelheim; encuentro en el una guia mas clara que la de Barthes sobre este aspecto. Recuerdo que dijo, parafraseandolo un poco, que los cuentos de hadas nos ayudan de ninos a comprender la relacion con el mundo, nos establecen el canon y son quienes inicialmente nos sirven de modelo para comprender el bien y el mal. Por supuesto, a los ninos de mi generacion, y mucho mas a los ninos de ahora, le llegaron contenidos distintos a los cuentos de hadas que cumplieron una tarea semejante.
Deberiamos contemplar, en todo caso, otro influjo maravilloso. Posiblemente se configuro mi mundo y la moral de mis narraciones a partir de los relatos familiares entregados de forma oral, sumando la television, la radio, la literatura. En todos esos discursos se asocia lo bello con lo bueno, lo feo con lo malo. En consecuencia, por ejemplo, los carros mas bonitos pertenecian a los personajes buenos y los mas danados eran los malos. El tema se puede llevar a asuntos menos dificiles de detectar. Si revisara mejor al hombre de hoy, cuantos paradigmas provenientes de aquella edad primera podrian encontrarse en mis narraciones actuales?
Viendolo asi, es la socializacion primaria la que nos permite construir esas historias. Los ninos y ninas se hacen a la idea del mundo por medio de ese conjunto de palabras que les transmitimos en esa oralidad familiar o bajo esa descarga de medios audiovisuales y asi, con ese capital en constante crecimiento, se desenvolveran cuando sean adultos.
En mayor porcentaje, son esos relatos previos los que condicionan al objeto y no es el objeto el que hace a los relatos. Nos parece evidente que el juguete sin relato no es sino una cosa muerta y aunque sea efectivamente un "microcosmos del mundo adulto", como afirma Barthes, es el nino en su libre albedrio, aquella mezcla de informaciones que se produce en su imaginacion, lo que define la produccion de esos discursos.
Por supuesto, en mi caso, y tal vez en el de muchos ninos, la forma en que aparecieron los juguetes influenciaron el mecanismo que detonaba mis relatos. No es lo mismo entregar cien carros en un dia a recibir a cuentagotas cada uno. Sobre esto ultimo debo agradecer a la vida y a mi madre.
Ahora bien, acepto esta concesion, si hemos de estar sujetos sera al mismo lenguaje, al que irremediablemente estoy y estare encadenado por esa herencia cultural que fue transmitida a traves de mis cercanos. Por lo pronto, la herencia genetica esta lejos de evaluarse en este instante, el talento divino predestinado tambien, pero si puedo decir que le debo esta aficion a mis mayores y a sus practicas.
Quedan muchas cosas mas por decir sobre esto, pero debo alejarme del teclado de mi computadora y caminar al cuarto de mi madre. La abrazare fuerte y comprimire en el acto un agradecimiento eterno a la mujer que proporciono, mes a mes, un nuevo detonante de mis relatos.